¿El fin del Carnaval?

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A raíz de una reciente sentencia de primera instancia  se alzaron algunas voces preocupadas por el impacto que la misma puede llegar a tener para el futuro del Carnaval. Algunos afirmaron que, de mantenerse  los criterios de la sentencia  estaríamos  ante el fin de los parodistas, o peor aún, del Carnaval.  Esto no es así. El parodismo no supone necesariamente que se infrinjan los derechos de autor. Hoy que el debate suscitado por el fallo judicial bajó su intensidad, conviene reflexionar sobre si se trata de una amenaza real.

¿Qué protege el derecho de autor?

El derecho de autor es la protección que la ley otorga a las creaciones intelectuales. Obras literarias, teatrales, cinematográficas, pictóricas, informáticas, personajes, entre otras, están protegidas por este derecho en nuestro país, siempre que se trate de una creación original (en el sentido de ser propia de su autor). No se protege el argumento, el estilo, las ideas, los hechos históricos (conocidos o no) o los métodos utilizados para crearla, que no son apropiables porque pertenecen a la humanidad, sino que la protección refiere a la forma concreta en que el autor los ha expresado en esa obra.

El contenido de este derecho consiste en facultades morales, que protegen la personalidad del autor reflejada en su obra (como el derecho de hacer respetar su paternidad sobre la misma), y en facultades patrimoniales, que protegen el monopolio de explotación económica que la ley concede a favor del autor y sus herederos (como el derecho de reproducción, derecho de distribución, de comunicación al público, etc.), así como de quienes este decida autorizar la explotación, pues es raro que el propio actor explote directamente su obra.

Existen varias justificaciones para conceder este derecho. Una de las más extendidas es que se trata de incentivar la creatividad por medio de permitir que el autor se apropie durante un tiempo de los beneficios económicos que genere su obra. Otra explicación identifica en la obra el fruto del esfuerzo individual de su autor, siendo este trabajo intelectual el que legitima que el autor perciba una remuneración por su labor.

 ¿En qué consiste el derecho exclusivo de permitir la adaptación de la obra?

Dentro de las facultades patrimoniales que se reconocen al autor se encuentra la de permitir la transformación o adaptación de la obra. El art. 35 de la Ley 9.739 de 1937 (Ley de Derechos de Autor, LDA) establece que “Los que refunden, copien, extracten, adapten, compendien, reproduzcan o parodien obras originales, tienen la propiedad de esos trabajos, siempre que los hayan hecho con autorización de los autores”. También se dispone que es ilícita “la transcripción, adaptación o arreglo de una obra sin autorización del autor” (Art. 44 LDA). Por ejemplo, son casos de adaptación: el guion de una película que se basa en una novela, la versión rock de una obra folclórica, o la traducción al inglés de un poema. La nota característica de estos casos es que supone  una transformación de la obra para crear una nueva.

¿El parodismo supone necesariamente que se infrinjan los derechos de autor?

No necesariamente. El Reglamento del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas 2019 define la categoría parodistas como aquella en que se parodia “el argumento de obras, historias de hechos y/o personas de público y notorio conocimiento en una imitación generalmente burlesca, realizada en tono jocoso, pudiendo, en determinados pasajes del espectáculo, tener matices dramáticos, según la propuesta de cada conjunto”. La clave está en entender la diferencia entre parodiar una obra (que no está permitido si no se obtuvo autorización, por ser una adaptación de la misma) y parodiar su argumento (que sí está permitido porque el argumento, hechos o ideas de una obra no están protegidos).

¿Estamos ante el fin del Carnaval?

Definitivamente no. De hecho, la LDA rige desde el año 1937 y hasta ahora no han existido otros reclamos que lleguen a sentencia, lo que permite suponer que, en general, los autores no han tenido mayores objeciones con este espectáculo. Por otro lado, desde 2016 que el reclamo de Fischer tomó estado público y ello tampoco ha significado un aumento de los reclamos por la utilización de obras en Carnaval.

Del mismo modo que la condena por plagio contra el autor de una novela no significa la extinción del género novelesco, tampoco este caso implica una amenaza real para el Carnaval. Para ello es suficiente con que los responsables de las agrupaciones utilicen material original en sus representaciones, o bien soliciten la autorización del titular de los derechos, ya sea autor o sus cesionarios, o de un representante de estos, como lo son las entidades a entidad de gestión colectiva respecto de las obras incluidas en su repertorio (p.ej. AGADU para muchas obras musicales).